sábado, 14 de noviembre de 2009

Crónica de un jóven fotógrafo en la marcha contra la reelección de Uribe

Jueves 5 de Noviembre 2009


…No miraré atrás; porque ahí estará la ira, el inconformismo, y el miedo... Sólo es cuestión de ser invisible y sagaz en todo momento para obtener aquello que la gente nunca esperaría ver…

Durante toda la semana pensé muy bien lo que salir a esta marcha conllevaría; pues pocos días atrás había visto un video en Caracol Noticias donde un joven que se encontraba en la Plaza de Bolívar grabando una manifestación estudiantil, había sido golpeado por varios individuos y su cámara había sido destruida contra el piso. No puedo negar mi temor, después de haber visto aquel acto de vandalismo. Sin embargo, creí que podría pasar desapercibido en un evento de ese tipo, no solo siendo parte de la protesta sino actuando rápida y ágilmente frente al inconformismo y la ira de todos aquellos que atenderían la marcha.
Todo fue cuestión de organizar mis ideas, mis metas y mi equipo; no solo para encontrar algo de paz y tranquilidad, sino también para mostrarles la realidad a todas aquellas personas “ciegas”, que omiten ver estos acontecimientos y nos los aceptan como parte de nuestra sociedad.


Viernes 6 de Noviembre 2009


…Tengo que aceptar una vez más que aún el miedo me inunda, pero estoy impaciente porque la hora llegue y los acontecimientos ocurran como tengan que hacerlo….

Aunque el tiempo se me hizo eterno por haber llegado 30 minutos antes, pude observar la manera en que los grupos y la gente solitaria arribaban aleatoriamente al lugar, saliendo de nada para mirarse los unos a los otros, o al menos yo miraba hacia todos lados tratando de encontrar elementos importantes para retratar.

A las 15:29 horas, la multitud brotó del parque hacia el costado occidental de la Cra. 7, deteniendo el tráfico vehicular y situándose sobre aquel camino que los conduciría hacia la Plaza de Bolívar, camino que por un momento se vio satisfecho de toda la gente que llegó a aquel lugar. Parecía que todo trataba iniciar pero el compromiso de los algunos manifestantes no era suficiente para dar arranque a la gran marcha.
El canto subió de tono, y esto si dio un fuerte empujón para que el resto lo siguiera y la marcha se prendiera. Unos saltan, otros gritan. Todos iban en contra de la reelección del presidente Álvaro Uribe, y querían hacer valer sus derechos de una manera democrática.“Poron pon pon, poron pon pon, el que no salte es un idiota maricón”. El suelo tembló y aquella marcha dio grandes pasos hacia el centro de Bogotá, seguida por el escuadrón de la Policía Nacional y un vehículo antidisturbios. Continuaban los cantos, los gritos y el apoyo de los manifestantes, mientras otros realizaban grafittis o pegaban posters con la imagen de Uribe, en algunas edificaciones.
Desde otra perspectiva, se veía una enorme mancha viva de seres humanos, de manifestantes hambrientos de libertad y democracia que conformaban un todo, y que a pesar de que apuntaban hacia el mismo objetivo, los rostros y vestimentas eran totalmente diferentes. Unos con los rostros cubiertos por pañoletas para ocultar su identidad, otros con afiches o pancartas con cientos de frases y expresiones alusivas a la marcha, y finalmente aquellos burlones que se robaron el show en todo momento, por interpretar al ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios), al típico americano y/o a los grupos militares.

Aunque no faltaron las mascaras, los rostros limpios y transparentes estructuraron el movimiento manifestante, demostrando que el pueblo colombiano es capaz de realizar este tipo de actos democráticos sin la necesidad de ocultar nada, sin el miedo a ser acusados por algo que va en contra de sus principios y de sus creencias.
El primer enfrentamiento entre la manifestación y la fuerza pública se ve rápidamente controlado, por organismos de control ciudadano (Bogotá Sin Indiferencia), mientras que el resto de manifestantes se alborotan, chiflan y apuntan hacia el lugar de los hechos.
La marcha transcurre sin inconveniente alguno; frenando y acelerando el paso. “Recuerdo cuando decían abajo, abajo, abajo… y no sabía lo que era. En un par de segundos la avalancha humana aceleraba el paso y lo único que podía hacer era correr mientras levantaba mi cámara dentro de la multitud, y así hasta que los de adelante mío se detuvieran.”
Nunca había vivido algo como esto, y a pesar de que la tensión brotaba por mis venas, continuaba capturando lo que sucedía en aquellos instantes. No era capaz de apuntar a cualquier rostro, pues muchos de ellos se tapaban o simplemente volteaban la cara, miraban extraño o me intimidaban, sin embargo en un momento dado, eso me llevó a que fuertemente me jalaran de la maleta para saber quien era y que hacía documentando la marcha. No pasé desapercibido esta vez, solo fui uno más de ellos. Soy Estudiante!


Es clara la manera en que los seres humanos son convocados, se agrupan y apoyan una idea relacionada con cualquier cuestión política, social o económica, y ésta vez no fue la excepción.
“Soy responsable de que los jóvenes no tengan estabilidad laboral ni prestaciones sociales. Solo contratos de 3 o 4 meses con salarios indignos y todo, porque la ley 50/90 arrasó con el derecho al trabajo y yo fui el defensor ponente en el congreso”;
es una de las muchas frases que los manifestantes mostraron al público.

Una primera parada se realizó sobre la 26 con séptima, lugar donde los manifestantes provenientes del Parque Nacional, se juntaron con otros muchos provistos de banderas rojas y de Colombia, sin antes olvidar que los ESMAD nos mostraban su presencia.

“Parecen robots y miden como 3 metros. Están saturados en protección, con todas su extremidades cubiertas, y fuera de eso andan nos muestran su poder con “armas” o elementos de protección.” No había tenido la posibilidad de tenerlos frente a mí en persona y la verdad no los subestimé nunca, pero tampoco les tuve miedo en aquel momento.
Cuadras más adelante sobre la 19 con séptima, hubo otra parada con más gente y el tráfico también se vio afectado por la gran cantidad de manifestantes que se fueron integrando en el recorrido. Danzas y burlas a los ESMAD se sumaban a la presencia de grandes banderas negras, apoyadas por los gritos y cantos de la multitud, mientras la fuerza pública se incrementaba y gran cantidad de motocicletas policiales se localizaban sobre la parte posterior del grupo.
Por un momento me empecé a sentir algo rodeado por agentes de policía, miembros del ESMAD, el vehículo antidisturbios y todos aquellos organismos de control. Sin embargo seguí el desarrollo de la marcha hasta llegar al Edificio Banco de la República, sobre la Jiménez con séptima.

Creí que todo iba a transcurrir igual a como había sucedido todo lo anterior; gritos, burlas, pequeños encuentros con la fuerza pública y nada relevante, pero a eso de las 16:49 horas, otro enfrentamiento se produjo cuando un manifestante se acerco al grupo de la Policía Nacional con una bandera, la cual fue jalada por uno de los antimotines generando desagrado en el resto de integrantes de la marcha.

Recuerdo dos mujeres que provocan al escudo humano de los antimotines, quienes permanecen inmovibles frente a ellas, pero al mismo tiempo logran que el comandante del grupo se acerque al lugar, donde es atacado verbal y físicamente por un manifestando y generando ahí frente a frente el inicio del caos. Vuelan botellas, piedras y otros elementos hacia el lugar donde se encuentra el ESMAD, todo se torna tensionante, y los manifestantes gritan, insultan verbalmente al grupo antimotín y poco a poco se abalanzan sobre ellos.
“No me es difícil recordar lo que pasó después, solo que no pude ver, y todo fue muy rápido”

Dos fuertes explosiones sacudieron el sitio, provocando caos, desorden y rompimiento del grupo manifestante, sumado a la densa humareda que produjeron los gases lacrimógenos lanzados por el ESMAD.

Lo único que pude hacer, fue salir corriendo como todos, casi enfrentándome a una barricada de antimotines de los cuales me pude alejar para así ocultarme, olvidando lo que estaba sucediendo a mis espaldas. Volví hacía atrás y vi difícilmente una densa nube que se iba comiendo poco a poco a un hombre caído en el suelo socorrido por dos de sus compañeros, y perseguido por la fuerza pública. Vi con mucha dificultad, porque nunca había sentido un gas tan irritante en mi vida que me impedía observar, y me impedía respirar bien. “Por un momento pensé que tenia la cara quemada”.
Solo se que después de tomar esas fotografías, no vi a nadie en el lugar y corrí hacia el occidente por toda la Jiménez, observando como las puertas de los locales comerciales se cerraban con angustia y la gente corría junto a mí, casi llegando hasta la carrera décima.

La manifestación estaba ya dispersa. Unos habían corrido hacia el occidente, otros hacia la Universidad del Rosario, otros se pudieron filtrar por la séptima, pero muchos se regresaron al norte. Sin embargo hacia el occidente presentó un fuerte enfrentamiento que se dio, cuando un agente de Policía capturó a un manifestante, lo que generó reacción en los demás compañeros quienes trataron de socorrerlo.
En segundo policía llegó al lugar, bruscamente golpeando con un bolillo a todo aquel que se acercara a su compañero, mientras decenas de personas observaban desde lo alto de un edificio comercial.Por otro lado al lugar del enfrentamiento, llegaron varios manifestantes que fueron capturados por la policía, entre ellos un menor de edad.
Una vez más y con algo de dificultad volví al lugar donde había empezado el caos y de nuevo cientos de personas estaban firmes frente a los poderosos ESMAD. Pareciera que nada hubiese sucedido.El impedimento de continuar hacia la Plaza de Bolívar debido a un concierto, disgustó a la marcha, rodeada en todos los costados por EL ESMAD.
La gente ya no sabía que hacer; algunos estuvieron a punto de ser linchados, otros leían en la Constitución Colombiana el derecho a la libre circulación por el territorio nacional, no faltaban los observadores e inquietos. Sin embargo, poco después la única salida que vieron los manifestantes fue filtrarse por varias de las calles que daban a la Plaza de Bolívar; corriendo desaforadamente, golpeando vehículos y acabando la tranquilidad del sector.
Diría que el concierto trató de ser opacado por aquellos que lograron acceder a la Plaza de Bolívar, pero no fueron suficientes los gritos e intenciones de los manifestantes para acabar el evento. Por un momento entraron en estado de calma mientras de nuevo el ESMAD y la Policía Nacional acordonaba y protegía el sitio. Al menos para mí, todo terminó a las 17:53 horas tras ver como cientos de manifestantes se rendían frente a la música.


Emilio Aparicio. EAFOTOGRAFIA

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